Traslado

noviembre 29, 2009

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Me despido

octubre 25, 2009
Yukio Mishima

Yukio Mishima

El mundo está hecho de tal manera que una y otra vez exigirán sangre los prejuicios, las pasiones; y hemos de saber que esto no cambiará jamás. Los argumentos varían sin duda; pero la estupidez mantiene eternamente su tribunal.

ERNST JÜNGER

Aquí, proa de Europa preñadamente en punta; / aquí, talón sangrante del bárbaro Occidente; / áspid en piedra viva, que el mar dispersa y junta; / pánica Iberia, silo del sol, haza crujiente.

BLAS DE OTERO

1 – A modo de introducción. Me despido…

…Y lo hago de los nacionalistas, de los fachas, de los fascistas, de los skins, de los rebeldes, de los revoltosos, de los nacionalistas, de las juventudes y de cuantos puedan tener relación con toda la pantomima pseudo-revolucionaria que han montado entre cuatro pelagatos de bandera y uniforme. Decía Mosley que toda revolución es la reacción de la clase media arruinada; la realidad es que el fascismo es la reacción de la clase media resentida y amargada, cuando no es simplemente -qué pena- el pasatiempos de una patulea de inquietos ignorantes.

No me arrepiento de haber estado en Falange (creo que en tres: la de los viejos, la de los fachas y la de los pijos), o en España 2000, o en Alianza Nacional, o en Acción Directa, o de haber colaborado en la Red Tercera Vía -que, para mí, con AD, es lo más digno que se ha hecho en los últimos años-; no me arrepiento, lo acepto honestamente, pero maldigo la hora en que decidí meterme en estas alcantarillas. Fue, como lo ha sido en muchos, la ingénita tendencia a complicarme la vida, a no callarme cuando veo atropellos contra la dignidad humana, a enfrentarme contra el más fuerte cuando abusa de su poder. Fue eso lo que me hizo tomar la senda de la acción política, pero me equivoqué de camino y de forma de avanzar. Donde creí ver un grupo de pastores resultó haber un rebaño más. Disfrazados de hombres libres, puede, pero rebaño al fin y al cabo.

Por suerte, con el tiempo descubrí que aquel no era el único camino de la disidencia. Fue así como me fui distanciando poco a poco, a la sordina casi, de todos los «soldados» del Führer o del Caudillo. Y de los mercenarios al servicio del Sistema que había infiltrados entre ellos: desde aquí mando un saludo a los exguardias civiles, a los «forales» de brazo en alto, a tantos jefes de provincias que, para medrar y asegurar su subsistencia, compadrean con los comisarios. Espero no veros nunca más.

Uno termina cansado de «fascistas» cuya máxima aspiración es recrear la República de Platón; de gente que afirma que, como rebuznaba una pegatina de Bases Autónomas, «más allá de las banderas no cabe pensar»; de violentos desaprensivos que ven en el nihilismo el culmen del pensamiento europeo; de suprarrevolucionarios que sustentan su heterodoxia victimista hermanando a Stalin con Hitler; de fingidos socialistas que aureolan sus propuestas con el nacionalismo más irracional y antiético; de patriotas que rebozan España de catolicismo burgués; de ignaros reduccionistas que se aplican con chauvinista empeño a desacreditar todo lo exógeno por el hecho de serlo; de paganos de pacotilla que inventan dioses de la cerveza y del puño americano. De sujetos, también, que se apropian de símbolos -emblemas, personas, libros, hechos- para su propio provecho sin hacer el menor caso a lo que realmente significan.

2

Y, después de todo, seguimos en pie. Realmente, es lamentable decir esto -o tener que decirlo-, pero es así. Me vi afectado por un sentimiento que sé que ha recorrido siempre las filas de la lucha en España: el desaliento. Sabemos de lo que hablamos y no hace falta más.

Hubo épocas en las que la forma de lucha era la del gueto, la de la organización militarizada o la del círculo intelectual sedentario, anclados todos en un espacio perfectamente delimitado. Así, tenemos las camisas negras, azules y pardas controlando calles concretas de la ciudad (usando la táctica de guerrilla de todos los movimientos revolucionarios); pero también la casa de Ledesma en Santa Juliana, las sedes de Falange por toda España, la Casa Parda del NSDAP, aquel gimnasio-residencia del BNP, el Palacio Venecia del fascismo,… Hoy no queda nada de todo eso; tampoco es el medio idóneo.

El problema es que toda aquella idea de la comunidad representada por un símbolo (el palacio, la casa, la sede, etcétera) ha sido sustituida por Internet. Ahora el punto de reunión no es, ni siquiera, la taberna donde nacían las revistas o los putsch, sino los foros donde, escondidos detrás del anonimato de un pseudónimo, tan lejano del nom de guerre -qué romántica la idea-, que ha sido siempre recurso de la resistencia disidente, los energúmenos se dedican a propagar sandeces y a discutir sobre el sexo de los ángeles. Discusiones bizantinas, al fin y al cabo, que jamás llegan a conclusiones materiales y que niegan, por su misma condición, la natural sociabilidad del individuo y la construcción, a través de ésta, de comunidades de militancia activa.

Hay que retomar la importancia del individuo, negada durante tanto tiempo por los hijos adoptados del fascismo. Es decir, aquellos que, sin desvincularse nunca de la modernidad y la cosmovisión judeocristiana, se enrolaron en filas que le pertenecían. Y el fascismo jamás supo negarse a ello: para éste, el individuo es considerable como tal en virtud de su pertenencia a la comunidad y el servicio que le rinde, cuando es al contrario. La comunidad se legitima si está formada por individuos libres, constructores de un Yo fuerte. Como decía Thiriart, por citar a un neofascista prestigioso, «las cosas son lo que son los hombres».

Sólo así se pueden formular postulados políticos (se trataba de eso, ¿no?) para los individuos. Las propuestas para las comunidades son simples ejercicios de retórica que esconden la práctica endogámica de la filosofía. Las castas de iniciados son, entonces, los únicos que pueden alcanzar la comprensión de lo que se dice. Y los que no siguen esa práctica son expulsados del paraíso bajo pretextos tan peregrinos como «marxistas», «infiltrados» o la clásica acusación de los últimos siglos, «herejes». Y todo por hacer una crítica concienzuda de la economía o de la antropología contemporánea.

Por eso, en España, fueron expulsados del Edén las JONS, CEDADE, Alternativa Europea y Tercera Vía (quizá la línea de vinculación histórico-doctrinal no quede del todo definida, lo sé, pero al lector sutil no le serán ajenas las similitudes entre las formas de estos grupos). Porque entre los demás, los skins y los piñaristas, siempre habrá comprensión. El fetichismo es común, y ahí encontrarán su consuelo, el punto de unión de dos rebaños que no son tan diferentes. Cambia la Esvástica por la Cruz y la Eucaristía por los Conciertos. Los ritos tribales son idénticos y el transfondo conceptual, casi irrelevante en el momento en que aparece en el horizonte una idea (siempre ideas…): España. La visión de ésta como Nación es la clave para entender las similitudes entre masas ideológicas en principio distantes. Para ellos es algo tan insuperable, tan irrenunciable, que son capaces de decir, en la línea de Calvo Sotelo, «antes roja que rota». Hay que identificar, para entender la barbaridad, el rojo con el Mal absoluto, claro.

Retomo el tema del espacio de acción. La única alternativa que le queda a quien quiere afrontar la vida con una actitud revolucionaria es la del nómada. Y quede clara la siguiente precisión: el ser revolucionario no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar algo. Hay cierta diferencia entre la vida normal y la necesidad revolucionaria: donde no llegue la mano alcanzará la espada. La Revolución está para alcanzar un estado de cosas que permita dedicarse a otros asuntos; si no, es innecesaria. Los revoltosos que menudean en todos los círculos antisistema no quieren más que serlo por sentir la violencia acariciar sus vidas, nunca por gozar de la paz posterior. ¿Revolucionarios? Bien, pero ¿con miras a qué? –es lo que deben preguntarse. «Nada más disparatado que pretender que varios hombres se mantenga unidos con un fin exclusivamente revolucionario», Ganivet dixit.

Ese nomadismo, ingénito al espíritu libre (en sentido nietzscheano; sin connotaciones masónicas ni jipiescas, entiéndase), se manifiesta en la potencia del individuo que no se disuelve en el grupo. Guilles Deleuze lo resumía en el devenir revolucionario de los individuos. Una sucesión de hechos revolucionarios pesa más que un «ser» revolucionario en esencia, pero no de manera material. No es época de grandes gestos arrebatados, sino de pequeñas acciones que cambien día a día y persona a persona la realidad.

La natural sociabilidad humana no ha de confundirse con la disolución del humano en la sociedad. Ser masa dista de estar en ella, de vivir entre sus muros. El mito del grupo lo crearon los primeros humanos sedentarios. Hasta aquel momento, el nómada tenía conciencia de pertenencia a un grupo, pero el grupo trabajaba con él en sus mismas condiciones, compartía cada avatar diario y recomenzaba de cero cada poco tiempo. Los sedentarios inventaron la esclavitud, los vicios y la comodidad, que llegan a puntos obscenos. Unas castas de superioridad material que en los nómadas habrían sido imposibles. Aquellos aburguesados no pudieron más que concienciar a los explotados de que ellos eran tanto el grupo como los demás y su función, imprescindible. ¿Qué mejor forma de asegurar la pervivencia de la situación? La ficción ha continuado hasta hoy.

La Revolución, por tanto, tampoco existe por sí misma, sino como mera proyección aglutinante de las personas que la encarnan. Existirá en la medida en que halla quienes la vivan. Para ello, es fundamental edificar una Cultura de Resistencia organizada según el principio de la dispersión. Habrá resistencia donde haya un militante.

Tal es mi objetivo. Seguiremos avanzando.

La Tercera Posición (y, por fin, III)

junio 2, 2008

Una de las tareas pendientes de la Tercera Posición es la coordinación de la actividad de todas las fuerzas europeas. Intentos los ha habido, desde el congreso de 1934 en Montreux hasta el Frente Europeo de Liberación, que fue la refundación del que en 1949 naciera a raíz de la Proclamación de Londres, de Francis Parker Yockey. Aunque ninguno, por supuesto, consiguió nada en cuanto a resultados tangibles, reales, concretos o de cierta efectividad política, sí que sirvió para fortalecer la conciencia dentro de la disidencia tercerposicionista de que somos europeos y de que es posible una acción a ese nivel. Fueron esas las ocasiones en que se redescubrió, una vez más porque siempre se nos olvida, que hay gente allende las fronteras nacionales con nuestros mismos intereses y con quienes podemos (debemos) por lo menos armonizar la lucha.

Dejo aquí extractos de un artículo de Jean-François Dumoulin -traducido por «Sociedalista» en el foro de la Red Tercera Vía sobre los intentos de unificar la acción europea:

«16-17 diciembre 1934: Montreux (Suiza). Congreso de los fascismos europeos; 13 países representados. […] En su moción final, el Congreso reconoce casi por unanimidad a Mussolini como el “fundador y jefe del fascismo internacional”.

»1949: Londres. Creación del Frente Europeo de Liberación […] Los tres fundadores son F.P. Yockey, Guy Chesham y John Anthony Gannon. El Frente seguirá activo hasta 1954 […].

»Marzo 1950: Roma. Primer congreso de la oposición nacional europea (9 países representados, con Per Engdahl por Suecia y K.H. Priester por Alemania).

»Mayo 1951: Malmö. Congreso de fundación del Movimiento Social Europeo (entre 60 y 100 delegados de 8 países europeos, entre los cuales están Oswald Mosley, Maurice Bardèche, Per Engdahl, K.H. Priester, G.A. Amaudruz, Jean-Robert Debbault y Ernesto Massi). Leer el resto de esta entrada »

La Tercera Posición (II de III)

abril 7, 2008

La simbología es la imagen por la que se reconoce al grupo, a la organización, y por ende a las ideas que representan. Normalmente, es la imagen lo que hace a un grupo aceptable o no. La Tercera Posición, por lo general –exceptuando el falangismo tercerista, por razones obvias, y a los demás NR, que continúan más o menos usando la céltica; y ambos con excepciones-, huye del reciclaje de símbolos. Sobre todo porque, en sí, es anti historicista.

Sucede, además, algo común en todos los movimientos revolucionarios. Al principio, su parafernalia, la que ellos han elaborado como estandarte reconocible de sus ideas cosmovisionales, solo la usan ellos. Al cabo de poco, quizá unos años, la derecha fascistizada –nunca la izquierda- se apropia y la usa como reclamo, sabiendo el prestigio revolucionario que tiene; y, por otra parte, la recoge todo grupo violento carente de otro leit motiv que el desfogue sistemático de su rabia contra rojos, maricones y mobiliario urbano.

¿Por qué? ¿Qué se hace mal? ¿Cómo es que llega el momento en que coinciden en estética, que no en ética, movimientos revolucionarios con bandas criminales y botarates de la política? En la época creativa de los movimientos, en sus balbuceos iniciales, que conllevan afirmaciones rotundas para distinguirse bien de los demás, nada de esto ocurre. Se identifica plenamente la Idea con el Símbolo, la Palabra con el Concepto, la cáscara con el fruto. Es después, al frenar la actividad, quizá porque la energía con que se empezó flaquea –por la tradicional urgencia innecesaria e infructuosa de resultados políticos-, o al llevar ese mismo movimiento a otros lugares, cuando se malinterpreta, tergiversa y manipula todo. Hoy, lejos cualquier grupo de esa primera etapa, la creativa, prácticamente nos rodea la mala interpretación de lo que en el pasado se hizo. Leer el resto de esta entrada »

La Tercera Posición (I de III)

abril 3, 2008

celt.jpgCuando oigo a alguien definirse como NR, o le veo esgrimiendo una céltica, «hecho mano de la pistola», como hacía el primer novio de la muerte cuando oía la palabra Cultura –mutatis mutandis, claro está-. Pasa esto con los NR, pero en mucho mayor grado con los fascistas, falangistas, nacionalsocialistas, nacionalistas y, en general, todo tipo de istas inspirados en el pasado siglo.

Inspiran, a cuantos pretenden abrir una nueva vía de lucha, cuando menos, desconfianza. Y no porque se esté en contra de las ideas que dicen representar, sino porque, precisamente, no suelen representarlas. ¿Cómo es posible que haya quienes se definan de una forma, cuando en realidad encarnan, precisamente, lo antagónico de lo que dicen defender, si atendemos a la etiqueta auto-impuesta? «La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia –se atrevió a decir Claude Chabrol-, la inteligencia tiene sus límites, la tontería no». Amén.

A la hora de enfrentarnos a los conceptos usados en política cobra especial importancia la diferencia entre el concepto en sí –lo que debería representar- y la percepción que de él se pueda tener, influida esta por las circunstancias determinadas en que se encuentre. Uno puede hablar de volver al modelo económico de la República Social Italiana, pero si el otro piensa que en ese periodo histórico lo único que se hizo bajo esa advocación -¿fascismo!- fue oprimir al pueblo sin causa alguna ni objetivo político que se precie, de poco servirá. Solo en la medida en que conozcan la política real de dicho régimen se estará hablando al mismo nivel y, en consecuencia, entendernos.

Podríamos decir que esto obedece, como tantos sinsentidos de hoy, a la idiotez congénita de las masas, y que solo hay que esperar a que los que se acercan a algo se informen de en qué consiste realmente eso. Pero sabemos que no es así, que nadie nace sabiendo y que el contexto social influye en las ideas que se tienen de las cosas. Sino, ¿a qué responde que haya «nacional-revolucionarios» antisocialistas, «nacional-socialistas» franquistas y «fascistas» de Piñar y su Fuerza Nueva? Leer el resto de esta entrada »

Europeísmo en España. Una introducción

marzo 20, 2008

(Escrito con Jorge Pons para comenzar el blog Europeísta, página que recomendamos sin ninguna duda y que esperamos que sirva a lo que la hace nacer: el análisis del europeísmo en España)

Cuando hablamos de europeísmo nos referimos a una Europa alejada de las estructuras políticas de hoy, sin nada que ver con los mercaderes o el capitalismo servil a USA. Por eso el pretendido europeísmo de determinados sectores de la política española no lo tomaremos en cuenta. Hay quienes hablan de Europa queriendo decir Occidente, y hay que distinguir y aclarar los conceptos para evitar confusiones.

Occidente es el Primer Mundo, el poder del dinero. Son los países ricos en régimen económico endogámico. Hay un artículo de Claudio Finzi, titulado «Europa» y «Occidente»: dos conceptos antagónicos en el que la diferencia queda meridianamente clara, así que nos remitimos a él, ya que lo publicamos a continuación.

Por tanto el occidentalismo lo dejamos de lado, por inútil e insultante. La izquierda, con su concepción materialista del mundo, reniega de Europa como el capitalismo, viendo en ella una amenaza al orden mundial. Se estigmatiza de nuevo al hombre europeo, dando por sentado que sus acciones nunca serán para el «progreso». Como mucho toma a Europa como un mero concepto geopolítico inservible para lo que nos proponemos.

Solo quedan dos campos: derecha heterodoxa y fascismos. De la primera lo más conveniente es hablar de la Nueva Derecha, y de lo segundo, nos referiremos al nacionalismo revolucionario. Leer el resto de esta entrada »

Interiorizar la Idea

marzo 5, 2008

Ave Fénix

Tenemos por un lado que el Patriotismo no se limita a la construcción de un Estado sobre una identidad cultural, étnica o histórica determinada -entre otras cosas porque, sobre todo en España, eso es imposible. El patriotismo no implica nacionalismo-, sino que exige un proyecto común[1] que sirva de elemento aglutinador por encima de lo material; y por otro que el Socialismo no es una doctrina exclusivamente económica, sino totalitaria -no en el sentido político-, porque su principal objetivo ha de ser la elevación del espíritu[2], y esto no se logra con juegos económicos. Siendo esto así, no estamos defendiendo una ideología -serie de ideas fundamentales sobre aspectos políticos concretos-, sino una cosmovisión, en tanto que es forma de ver e interpretar el mundo. Leer el resto de esta entrada »

Un socialismo no economicista

febrero 18, 2008

 

The Ironworker’s Noontime - Thomas Pollock

En la actualidad se considera al hombre como un ser básicamente económico (homo oeconomicus), de lo que se deriva que el bienestar social se da en la medida en que la situación económica es buena. Dejar que el Socialismo caiga en la conceptología moderna –reducción a una visión economicista de la vida- es convertirlo en una reacción a lo preexistente, al tomar como suyas las definiciones creadas por aquello que combate.

El modo de entender al hombre es la base de todo Sistema; y el socialista nace de un orden ético, espiritual e idealista, tomando la equidad y la justicia como valores superiores a la igualdad y el clasismo. Como consecuencia, el fin del Sistema no es el bienestar (beneficio) exclusivamente económico, sino el social, tomado el parámetro social como elevación del espíritu. Hay que eliminar el sometimiento a la moral economicista, devolviéndole para ello al trabajo el valor que hoy se le da al dinero. Leer el resto de esta entrada »

La Revolución: ámbito, etapas y pilares

enero 10, 2008

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A la hora de hablar de una revolución, como nota previa que determine el resto de la construcción teórica, primero, y práctica, después, hay que delimitar el ámbito en la que esta tendrá lugar y advertir que una revolución no debe ser nunca nacionalista, que en el concierto mundial constituye una forma de individualismo egoísta, sino patriota, que se traduce en la cooperación internacional que la haga tarea común, pues somos conscientes de que estamos en un orden mundial y que todo lo ajeno a él muere de abandono. Se trata, pues, de asegurar la subsistencia y de conseguir cambiar, ya no nuestra comunidad, sino todas.

Como se ha apuntado desde el área identitaria, podemos hablar de tres círculos de identidad: tierra natal, España y Europa. Nosotros somos europeos por nacimiento y por vocación, pero además por devoción; consagramos la lucha a la Idea de España; y defendemos nuestra identidad, que entre otras cosas está en nuestra tierra natal y sus tradiciones. Leer el resto de esta entrada »

La Patria hispánica

diciembre 1, 2007

 

 

Somos conscientes de que la idea de Patria tiene en la actualidad unas connotaciones ideológicas normalmente negativas; connotaciones que, por otra parte, son completamente ajenas a su verdadero sentido histórico. De ellas, solo admitiremos una: la defensa de una identidad contra el ataque internacionalista homogeneizador de las Culturas. El resto de nuestras ideas será fruto de una afirmación rotunda, de una construcción doctrinal ajena a toda lo arcaico, retrógrado, anticuado o antirrevolucionario. Defenderemos el dinamismo creativo frente a el estatismo de la mera supervivencia ideológica.

Constantemente hablamos de que se impone, entre otras cosas, reestructurar la economía, pero eso no sería más que una faceta de nuestra cosmovisión: el socialismo. La otra es el patriotismo y este nos impone además una reestructuración territorial y la reconsideración de ciertas cuestiones. Nosotros, que nos consideramos herederos de los que veían a “España como problema” frente a los que veían a “España sin problema” o a los que, directamente, no la veían, buscamos el Ser más profundo de España y pretendemos mejorar esta Vieja Patria con el único patriotismo posible, que es el crítico.

 

Sobre España, la Patria y la Nación

La Patria podría ser definida de muchas formas: en lo territorial, como República, o Estado, cuyos miembros somos[1] o “lugar, ciudad o país en que se ha nacido[2]; y en lo espiritual, como “la augusta religión de mis abuelos, sus costumbres, su hablar, sus santas leyes[3] o “hecho natural y social, fisiológico e histórico[4]. La Nación, en cambio, atendería más al concepto de plena identidad cultural, lingüística e incluso étnica, atendiendo a la herencia que recogemos del romanticismo decimonónico. Como se ve, ambos términos atienden a conceptos diferentes como fruto de una evolución.

¿Qué es España? ¿Es una Patria, una Nación, una Nación de naciones, nada,…? Hay que reformular la definición de España. El documento “Patria”[5] -y a él me remito para buscar la argumentación necesaria- de Línea Antagonista trata el tema y es la definición que tomaré como buena de aquí en adelante: “España es una patria plurinacional”. Hablar de naciones españolas no menoscaba en absoluto la realidad y vigencia de la Patria hispánica y, con cierta actitud nominalista, podemos hablar de Nación española sin caer en contradicción. Leer el resto de esta entrada »


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