(Relato que escribí hace ya casi cuatro años. Se trata de otra versión de la muerte de don Quijote, que en realidad no murió en la cama):
En aquel momento iba Sancho, escudero sin igual, con su señor don Quijote que, montando a Rocinante, más parecía un loco destartalado que el buen caballero que pretendía. A aquellas horas hacía tanto calor que caminaban pesadamente por entre los olivos, aminorando el paso cuando se encontraban a la sombra de uno y acelerándolo cuando no lo estaban, a la búsqueda de la siguiente sombra.
Había pasado ya más de mes y medio desde que Sancho despidiera a su mujer, Teresa, asegurándole que volvería con dinero suficiente como para vivir de forma holgada y casar a su hija, Mari Sancha, dignamente con Lope Tocho, a pesar de la tendencia de Sancho de casarla con uno de más noble procedencia… (seguir leyendo aquí)